
Pedir un vino más caro que toda la comida. Las terrazas. Los camareros que te ven sin llamarlos. Los gintonics en locales oscuros. Los amigos imperceptibles. Conversar sin convencer. El afecto a pesar de nuestros defectos. El respeto. Transmitir lo que sabemos. Hacer conjeturas de cómo será la ropa interior de la recepcionista del hotel. Las siluetas a contraluz. Las mujeres maduras con ojos adolescentes. La comprensión. Que nos dejen en paz. Pasear sin rumbo. Ganar alguna vez. Que nos rían las gracias. Un deportivo averiado. La primera luz del día. La lencería. La última luz del día. Los desfiles de moda.
El miedo de los toreros. Reírse de uno mismo. La torpeza de un primer beso. Coger el bus turístico en tu propia ciudad. Las miradas furtivas en los ascensores. Los taxistas mudos. La puntualidad. Flirtear. Levantarse tarde. Fantasear. Los recuerdos. El talento. La humildad de los sabios. Hacer algo sin motivo. Observar. El trabajo manual. La curiosidad. La literatura que golpea el alma. Recordar los sueños. Las almas afines. El arte anterior al siglo XX. El discreto encanto de algunas mujeres. El hielo de las gasolineras. Comer con hambre. La siesta.
La ruta 66. Preparar los viajes. Viajar sobre la marcha. Francesca, la guia veneciana de ojos grises que no conocía Barcelona. La maleta apareciendo por la cinta.
Los teatros vacíos. Los bocadillos de atún con anchoas. Descubrir una intimidad. El olor del bosque húmedo. La fragancia animal del sexo. El silencio en compañía. La última mesa del bar. Las fotos antiguas. Los secretos inconfesables. El espejo de ella antes de la cita. El cajón de su ropa interior.
Mantener el deseo.






