sábado, 11 de octubre de 2008

MEMORIA SENTIMENTAL DEL PORNO (Volumen I)




En la trastienda de una tapicería de barrio, propiedad del padre de un amigo, en un cuartucho angosto lleno de muestrarios de telas, terciopelos y damascos, se hallaba un pequeño arsenal de revistas “Play Boy” americanas, que guardaba el tío de mi amigo, detrás de unos cajones. El papel de la cubierta y las primeras páginas delataba un uso prolongado, que había abarquillado los extremos de las hojas en cientos de consultas. En algunas revistas, el desplegable central se desprendía de las grapas por razones obvias.

Para nosotros, que tendríamos 11 o 12 años, con el sabor aún en los labios de la merienda de pan con chocolate, entrar en aquel cuarto a hurtadillas, en grupos de tres o cuatro, con uno en la puerta de vigilante, era una experiencia nerviosa y urgente, casi sin tiempo de apreciar aquel esplendor prohibido, cuyo misterio nos oprimía el pecho y los pantalones. Una agitación sorda nos invadía ante los misterios que aquellas fotografías presentaban, bajo una perfecta iluminación de estudio. Nuestros ojos, en pocos segundos querían absorber la máxima información con una velocidad sin freno. Pasábamos rápidamente las páginas, adelante y atrás según las interjecciones admirativas, que saltaban de la boca de uno o de otro. Las cabeceras de texto en inglés, creo que aumentaban todavía más el exotismo del acto.

Después, al salir a la realidad de la calle, mirábamos de reojo a las mujeres que transitaban, preguntándonos en silencio, si bajo aquellos abrigos se ocultaban maravillas parecidas a las que acabábamos de ver. Comprendimos que aquellos –de repente- misteriosos y atractivos seres que estaban por todas partes, en la calle, en la escuela, hasta en nuestras propias casas, que eran incluso de la familia, como nuestras madres, hermanas o primas, eran con mayor o menor fortuna, como las chicas de las fotos. El desasosiego y la turbación estaban servidos.

Nunca supimos la oscura procedencia de aquellas publicaciones mágicas a todo color, ni el laberíntico camino que habían recorrido hasta llegar allí. A finales de los 60, solo tenían acceso a ellas los verdaderos aficionados.

Situarme exactamente en el tiempo sería inútil. Pongamos unos pocos años más tarde, empezaron a llegar a mis manos otras publicaciones alejadas de la inocencia erótica de “Play Boy”.

En aquel tiempo me hallaba haciendo copias de planos ocho horas diarias y acabando los estudios de delineación industrial, en la escuela nocturna. Solo hacía eso, copias de planos ante una copiadora, pero estaba en contacto con mi oficio y me fijaba en los dibujos con devoción de novicio, mientras los rodillos de la máquina se tragaban el papel. Meses más tarde pasé a la Oficina Técnica y allí empecé a dibujar profesionalmente, trabajos de poca importancia al principio y de más responsabilidad después, conforme iba adquiriendo experiencia. Aquel mismo año acabé los estudios.

Dentro de la industria metalúrgica, los delineantes eran una raza aparte. Parecían disponer de una imaginación especial y de una concepción del espacio y las formas dotada de la precisión que exigía aquel oficio. También eran muy dados a la abstracción, pues tenían que imaginar complicados funcionamientos de sistemas y mecanismos. En definitiva, estaban un poco enfermos, su lógica era compleja y sus facultades, orientadas a perderse por oscuros rincones del alma. Algunos de ellos, verdaderos apasionados de lo prohibido - solo por serlo- se hacían con unas publicaciones inconcebibles.

Aquellas revistas extranjeras, aparecían en la oficina, con una periodicidad de suscriptor. Las ocultábamos bajo la documentación técnica, entre planos de maquinaria y diseños de piezas. El procedimiento para verlas era sencillo y discreto. Se organizaban viajes al lavabo por turnos. Echábamos a suertes el orden de lectura, yo rezaba para que me tocara de los primeros para no tener que pasar las páginas con pinzas. De lo contrario la grima de coger en mis manos la revista manida, podía arruinar el gozo de su contemplación.

Provenían siempre de países nórdicos, presentaban modelos indefectiblemente rubios. Este aspecto suavizaba el impacto de las imágenes, ya que veíamos nuestra naturaleza alejada de aquellos actores, de manera que las fotos tenían algo de idílico e irreal. Para nuestra sensibilidad, solo hubiéramos considerado sexo verdaderamente duro, el haber visto pelo negro y pieles morenas. Aquellos miembros sonrosados, aquellos sexos femeninos vestidos con vello suave y claro, nos parecían angelicales comparados con nuestra propia tosquedad.

(Continuará)

4 comentarios:

ISABEL TEJERA CARRETERO dijo...

Hola Crono , ayer leia estas memorias, que transcribes , pero no estaba mi coco para comentarios.
Es domingo y ando un poco más tranquila asi que te vuelvo a leer. Me gusta mucho como lo cuentas... casi casi como la pura realidad :)
Un beso y gracias por tus comentarios

Anónimo dijo...

Pos no te digo los que se iniciaron con el "Interviu" de los primeros años de eso que se llamó la Transmision. Tiene que ser duro eso de cascarsela con fotos de Tita Cervera...sobre todo años después, a la hora de pagar la entrada en el Thyssen - Bornemisza

Akroon dijo...

Sabe? La prohibición en sí era nefasta, pero ese fisgonear a hurtadillas tenía su componente de potenciador del estímulo. La atracción hacia aquello que se supone que no debe hacerse, verse, tocarse...

Aunque lo más interesante de todo no es con qué publicaciones se daban una alegría la gente en los años 60, sino todo lo que se puede percibir tras ese relato del comienzo del descubrimiento de algo que puede que ni tan siquiera años más tarde lleguemos a comprender: vivir.

... Y creo que de esto Usted tiene mucho que contar...

Un bso.

Inma dijo...

'Devoción de novicio'.., qué inocente y qué tierno resulta imaginarte hurgando en publicaciones prohibidas, lleno de turbación y ansiedad adolescente. La verdad es que esa curiosidad primigenia se pierde con el tiempo, y el sexo y el juego se acaba convirtiendo en algo manido, rutinario, nada nuevo ni excitante. Yo miro ahora de otra manera y encuentro atractivas a personas que antes no eran mi tipo, creo que en el fondo hay que seguir escarbando y abriendo la mente.
Lo de las revistas eróticas perdidas entre publicaciones técnicas, maquinaria industrial, trabajos de delineación y demás me ha parecido algo muy humano.
Ya espero ansiosa la segunda parte del texto!