viernes, 31 de octubre de 2008

LA MALETA



Por fin apareció lenta sobre la cinta. La agarré deprisa, desplegué el mango telescópico, la puse a rodar y avancé entre los demás pasajeros. Todos como yo, con sus maletas rodantes como apéndices de sí mismos. Presurosos por llegar cuanto antes a sus destinos.

Rápido al mostrador de coches de alquiler, tarjeta de crédito, firmas, las llaves del coche. Localizarlo en el parking del aeropuerto, arrancar y empezar el lunes y otros tres días más en la jungla de la M-30. En el atasco que permite estar a solas dentro de la burbuja del coche. Lugar donde se observa la vida a contrapelo y es inevitable pensar en todo lo que no deberías hacer y sin embargo haces y viceversa. En las pequeñas cobardías del día a día, en los amores olvidados e imposibles. Abismado en una inútil compasión de mí mismo.

Primera visita a las 10 h, en el otro extremo de ese Madrid periférico inabarcable, de polígonos industriales inhóspitos construidos deprisa como decorados efímeros, perdidos entre polvo y decenas de rotondas. Las entrevistas con clientes, el mismo discurso de siempre con pequeñas variantes improvisadas según el interlocutor y todo el despliegue teatral de las relaciones comerciales, de un actor que no se cree el papel.

Así hasta la noche, de vuelta al hotel, solo en la habitación como un personaje de Edward Hopper. La maleta sobre la cama y al abrirla....blusas, faldas, pantalones.. y bajo esa primera capa, dos sujetadores funcionales, uno de fantasía y demás ropa interior. Un neceser floreado y un frasco de Agua de Luna. Apenas sin tocar nada, cerré la maleta, la observé por fuera, era exactamente como la mía. Pasaron unos minutos y volví a abrirla. Quise hacer un retrato de la propietaria a través de sus pertenencias. Lo miré todo con cuidado de dejarlo en el mismo orden en que estaba. Sus cosas no definían ningún perfil especial, pero bajo un camisón corto, hallé una antigua edición de un libro fuera de lo común, descatalogado, que tanto busqué durante un tiempo, sin éxito.

El tacto del libro dibujó de pronto su imagen, de repente nada convencional.Volví a cerrar la maleta. En la etiqueta exterior: Lucrecia B. y un número de móvil.

13 comentarios:

Borrasca dijo...

Con este relato me dejas a medias, creo que la maleta es mía, así que espero tu llamada...

Besos borrascosos

Don Peperomio dijo...

oiga, pequeña duda: el perro es azul o el ojo es azul?

Nanny Ogg (Dolo Espinosa) dijo...

¿Y? No irás a dejarme así... ¿o sí?

Besos

ISABEL TEJERA CARRETERO dijo...

Me estaba preguntando yo ¿y que se hace en un caso asi se pone una el camison del otro o el otro se da el gusto de pasar la noche probandose la ropa de la no maleta.
Vaya manera más complicada de ligar.
Un abrazo pasado por agua , que como sigamos asi nos pasamos a ranas

Anónimo dijo...

Coño, esa es la misma que me perdió a mí la maleta, ten cuidao.

Tänzerin dijo...

La jungla laberíntica de la M30.. la detesto tanto como tú, y ese Madrid periférico que tan bien describes, como un escenario irreal, construido aprisa, como un conjunto de afluentes alocados, que crecen sin ton ni son desde una ciudad no menos inhóspita.

Esta imagen que traes, la rutina de las relaciones comerciales que tan bien conozco, ese despliegue de encantador de serpientes que tanto agota al acabar el día.. todo eso que conforma lo que queda en el aire cuando sacudimos la alfombra sobre la que volamos, es terriblemente pesado y dañino.

Y sirve para mostrar que a menudo son las pequeñas cosas, los insignificantes azares como una confusión de maletas -a modo de diminutos continentes propios- los que cambian la vida abriendo ventanas a las que asomarse, en busca de aire fresco.

Qué delicioso ha sido recrear lo que relatas tan vívidamente, de manera tan sentida, y soñar con que ese tropiezo ha servido para unir dos almas que tienen en común algo tan precioso como la lectura de un simple libro, de entre todos los millones de ejemplares existentes.

Así que las cosas que a menudo parecen ridículas y que a otro cualquiera habrían contrariado las traes para devolvernos la sonrisa y el calor que vamos perdiendo en autopistas que se enredan en nuestro ánimo como telas de araña.

Maravilloso relato, Cronopio!
Abrazos

Anónimo dijo...

¿La llamaste?... umm espero que sí; sino tienes tiempo de pensarlo en el delicioso atasco de la M-30, o cambiarlo por el de la M-40, que también tine su punto.

Bonita historia con final... sugerido.

Por cierto, me encanta E. Hopper.

Un besito

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Estupendo, si señor.
Cuantas cosas se pueden pensar al dejar el relato abierto. ME ENCANTAN ESTO FINALES.
Besicos

Anónimo dijo...

Crono, eres un guionista de cortos nato. Ahora a ver si hacemos de ti el próximo Coppola (aunque sea Sofía...). Sabes que espero esa novela.

Besazos y perdones, que no me olvido de lo que tengo pendiente.

Inés Perada dijo...

Las sendas del encuentro humano son inexplicables...

Igual le llamas,quedas, le das la maleta y punto.
La magia no siempre está detrás de donde imaginamos.

Salud.

Ambrosía dijo...

glupssss.....como a ido a parar mi maleta a sus manos????.....mammaaa miaaaaa y yo que hago ahora con la suya llena de gallumbos y zapatos del 53?.....afuuuu espero que le siente bien mi camisón.....
Un besoooo

Ambrosía dijo...

glupssss.....como a ido a parar mi maleta a sus manos????.....mammaaa miaaaaa y yo que hago ahora con la suya llena de gallumbos y zapatos del 53?.....afuuuu espero que le siente bien mi camisón.....
Un besoooo

Ambrosía dijo...

glupssss.....como a ido a parar mi maleta a sus manos????.....mammaaa miaaaaa y yo que hago ahora con la suya llena de gallumbos y zapatos del 53?.....afuuuu espero que le siente bien mi camisón.....
Un besoooo